Todos tenemos un pasado con jersey de “rombos”

¿Recuerdas cómo fue tu primer día de trabajo? Te invito a hacer memoria, pero seguramente se resuma a través de ese “gusanillo” inicial de las primeras veces, esa curiosidad por comenzar una nueva etapa que, por desgracia, no tarda en desaparecer.

 

Esos momentos de incursión en el mundo laboral, esa ilusión inicial por formar parte de un equipo, esa inocente sensación de la primera vez debería permanecer intacta, pero lo cierto es que somos buenos olvidando.

Te confesaré cómo fue mi primer día de trabajo (y así te vas animando para recordar y acompañarme en este viaje al pasado…) Corría el año 1 a.C cuando me adentré en las rudimentarias oficinas de un periódico de Pensilvania llamado The Express Newspaper, en la inhóspita localidad de Lock Haven. Allí entré dispuesta a comenzar mi andadura como periodista. Tardaron un largo rato -por lo que tan “Express” no fue- en situarme delante de un ordenador de “no plasma”. Yo vestía un jersey de rombos marrón, de esos característicos de la época de la serie “Cuéntame” (por lo que no desentonaba demasiado con aquella caja cuadrada enorme a la que llamaban ordenador). Pese a todo yo era feliz, rodeada de ilusión por emprender una nueva etapa en mi vida y sobre todo porque aquel día comenzaba a trabajar en aquello que tantos años de esfuerzo y dedicación me había llevado. Como anécdota, no puedo pasar por alto el hecho de que aquel día aprendí a decir en inglés la palabra “mierda” (el motivo lo dejamos para otro post…). Como no estaba segura de si la palabra que pretendían enseñarme era la que era, uno de los redactores (muy amablemente) me dibujó sobre su cuaderno un pájaro en una actitud algo escatológica…ahí efectivamente entendí que se trataba de una gran “shit” (de paso también aprendí que los cuadernos de periodistas tienen múltiples utilidades).

Dejando las bromas a un lado (aunque juro que todo lo descrito es cierto incluido el capítulo de la M…..) este post inicial pretende ser un empujón motivacional para todos aquellos que, con el paso del tiempo, han perdido la ilusión por su trabajo dada la ingente cantidad de inconvenientes que nos invaden día a día y que no son baladí (crisis, despidos, bajada de sueldos, merma de los derechos del trabajador…). No dejemos que todos estos factores externos ajenos acaben con nuestros sueños. Sigamos luchando y reinventémonos sin perder la ilusión de nuestro primer día de trabajo con “jersey de rombos”.

La ilusión es magia.

Por Sara Picazo


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