Día de Acción de ¿Gracias?

 

 

Las raíces oscuras de este festín pantagruélico 

Os invito a reflexionar sobre todo aquello por lo que deberíais de estar agradecidos

 

El cuarto jueves de noviembre en Estados Unidos se celebra Thanksgiving Day, o lo que es lo mismo, el Día de Acción de Gracias. Esta jornada es sinónimo de encuentros familiares, desfiles y comida, mucha comida. El alimento protagonista por excelencia es el pavo (no sé lo que tendrá este alimento, pero yo me dejo seducir más por unas “migas” de mi tierra manchega).

Hablando de migas, lo que tiene “miga” es que esta tradición cuenta cada vez con más adeptos incluso a nivel internacional (siguiendo el patrón de costumbres importadas, donde Halloween y Black Friday bien podrían ser ejemplos de referencia) y cada vez es más secundada por las “masas” (y no “masas” de pizza precisamente que ahora ya no estamos hablando de comida).

Las tradiciones como Thanksgiving Day son costumbres que se transmiten de generación en generación, sin preguntar ni cuestionarse el origen en cuestión, y copiando el patrón previamente establecido (“donde se ponga un sarao, que se quite todo lo demás” han de pensar). Por lo general, las fiestas populares suelen (o deberían) tener un origen ameno y pacífico. No obstante, respecto a Thanksgiving Day, al igual que sucede con otras tradiciones, coexisten varias teorías no exentas de polémica: está la versión oficial que enseñan en los libros de la escuela hablando de la hermandad entre ingleses e indios y otra versión más sangrienta que la acercan a una masacre…

Pero como no estamos aquí para dar lecciones de historia, os reto a que hagáis las investigaciones pertinentes y extraigas vuestras propias conclusiones.

Por derroteros de la vida, he tenido la ocasión de pasar este día de Acción de Gracias en Estados Unidos durante varios años y he de afirmar que de lejos se percibe en el ambiente que es un día muy especial donde se engalanan las calles, se suceden los desfiles y, por segunda vez en todo el año, cierran todos los comercios (sorprendentemente el capitalismo y la invitación constante al consumismo dan una ligera tregua durante este día).

Está claro que, a casi todos nos gusta celebrar, pero también sería interesante que cada vez que vayamos a seguir una tradición en masa nos cuestionemos si realmente esta costumbre tiene un origen digno de celebración.

Dejando atrás las raíces oscuras de este festín pantagruélico, aprovecho para evidenciar que no es necesario seguir tradiciones ni esperar a este día para estar agradecidos con aquello por lo que deberíamos estar agradecidos por defecto (valga la redundancia). Por eso, brindo la ocasión para romper barreras y atravesar fronteras allá donde estéis y os invito a reflexionar sobre todo aquello por lo que deberíais de estar agradecidos. Ahí lo dejo…

Por Sara Picazo